Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Montero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Montero. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de junio de 2025

Carlos Montero - CON EL TANGO EN EL BOLSILLO

 


Carlos Montero
CON EL TANGO EN EL BOLSILLO
SAGA SEC 566
1999


Aporte de Ariel González

domingo, 18 de febrero de 2018

Carlos Montero - CONVERSANDO TANGOS


Carlos Montero
CONVERSANDO TANGOS
rtve 640049
1992

01. MADRESELVAS - Luis. C. Amadori, Francisco Canro
02. ¿QUE VACHACHE? - Enrique S. Discépolo
03. CRISTAL - J. Mª. Contursi, Mariano Mores
04. TRENZAS - Homero Expósito, Armando Pontier
05. ESTA BIEN CORAZON - José A. Santiago, Carlos Montero
06. NINGUNA - Fernández Siro, Homero Manzi
07. MELODIA DE ARRABAL - ALfredo Le Pera, Mario Battistella, Carlos Gardel
08. LA CANTINA - Cátulo Castillo, Aníbal Troilo
09. QUIERO VERTE UNA VEZ MAS - J. Mª. Contursi, Mario Canaro
10. LOS MAREADOS - Enrique Cadícamo, Juan C. Cobián
11. NUEVA ACADEMIA - Eduardo E. Kahane, Carlos Montero
12. INFAMIA - Enrique S. Discépolo

Bandoneón: Osbaldo Grecco
Guitarra eléctrica: Santiago Reyes
Voz y Guitarra: Carlos Montero

Descargar

Aporte de El Canario, enviado por Alberto Orozco

Carlos Montero - PERFIL DE TANGO


Carlos Montero
PERFIL DE TANGO


Carlos Mntero, el de las manos grandes como dirían los clásicos griegos, vuelve a empuñar su guitarra. PERFIL DE TANGO. A su manera, naturalmente, título de uno de sus discos. Porque Carlos Montero con su barba recortada como las que el lápiz de Castagnino pintó a los personajes del Martín Fierro y sus manos de prosapia proletaria que abarcan más de una octava, ejemplifica su porteño barrio de origen, Mataderos, donde la pampa de venía ciudad, orilla gauche hay obrera de Buenos Aires.
Su guitarra, además, tiene ocho cuerdas. Vienen del elitista Conservatorio Nacional. Sabe a Narciso Yepes. Es una guitarra de música clásica que compone preludios. Perfil de tango muy a su manera. Pero que, sin embargo, mantiene una actitud esencialmente porteña porque Carlos Montero actúa como un cantor de boliche, tasca se diría en España, que establece una relación de proximidad íntima con el público y más que cantar confiesa la canción. Conectando el bolsillo, título de otro de sus discos. Su elección es clara: el tango como estricto género artístico y su interpretación como un recuento de felicidad expresiva. Sus arreglos tienden a subrayar la unidad de música y letra, su canto al deleitarse con los versos irremplazables. Hay quien canta usando la voz como un puro instrumento, otros que dicen la letra como una declamación melódica; Carlos Montero ha optado, con su voz grave y personal en la huella que abrió Edundo Rivero, por cantar para que se le entienda, sin
melodramatismos ni gorgoritos. Sabiendo que la letra de muchos tangos habla sencillamente de poesía. Por ejemplo, la D Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo "Quiero emborrachar mi corazón / para apagar un loco amor / quien más que amor es un sufrir../" rebelde lenguaje de una metafísica del sentimiento. EL DIA QUE ME QUIERAS de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera " como ríe la vida / sin tus ojos negros me quieren mirar / que Le Pera rescató para la emoción de un poema poco
afortunado del mexicano Amado Nervo " cogidas de la mano, cual rubias margaritas / luciendo golas cándidas Irán las margaritas / por montes y praderas / delante de tus pasos, el día que me quieras" PATIO MIO  de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo " el corazón sencillo, lastimado, / con un perfil de tango y corralón  " elegía de una infancia irrecuperable, la del tango y la del poeta. SIGA EL CORSO de Anselmo Aieta y Francisco García Giménez " esa Colombina / puso en sus ojeras / humo de la
hoguera / de su corazón   " con el vértigo de describir que todo el año es carnaval. SIN PALABRAS, de Mores y Enrique Santos Discépolo " nació / de ti / buscando una canción que nos uniera / y hoy sé / que era cruel, / brutal quizá el castigo que te doy " lírica historia de un atormentado letrista que cambiar el sentido original de la música para vengarse. CHAU NO VA MAS de los Hermanos Expósito, Homero y Virgilio "  pero nadie vivió sin matar / sin cortar una flor / perfumar y seguir " dolorida reflexión sobre la fatalidad de la normalidad cotidiana. Y para no abrumar y por sobre todo SUR de Aníbal Troilo y Homero Manzi " y un perfume de yuyos y de alfalfa / que me llena de nuevo el corazón " paradigma de la nostalgia de tango, la misma que congrega en este disco A Carlos Montero, y el de las manos grandes, al que éste es que vive mientras LLUEVE EN MADRID y al que escuche estas interpretaciones donde se multiplican las guitarras en un sonido nuevo como una sombra de la música.
Perfil de tango, nomás.

José Alberto Santiago


Carlos Montero
PERFIL DE TANGO
rtve 640019
1990


01. EL DIA QUE ME QUIERAS - Gardel, Le Pera
02. CAFE LA HUMEDAD - Cacho Castaña
03. CHAU...NO VA MAS - Homero y Virgilio Expósito
04. SIGA EL CORSO - Francisco G. Giménez - Anselmo Aieta
05. LLUEVE EN MADRID - José A. Santiago, Carlos Montero
06. VAMOS EN MONTON - Eladia Blázquez
07. SUR - Homero Manzi, Aníbal Troilo
08. SIN PALABRAS - Enrique S. Discépolo
09. NADIE PUEDE - César Tiempo, Enrique Delfino
10. NOSTALGIAS - Enrique Galiano, Juan C. Cobián
11. PATIO MIO - Cátulo Castillo, Aníbal Troilo
12. TARDE - José Canet

Voz y Guitarra: CARLOS MONTERO

Descargar

Aporte de El Canario, enviado por Alberto Orozco

Carlos Montero -Y sigo con los tangos



Carlos Montero

Juan Carlos Zamboni, verdadero nombre de Carlos Montero, nació en Buenos Aires, en 1938.
Carlos, con su corazón “siempre mirando al Sur”, es un músico y un guitarrista excepcional que, además, canta; y lo hace con eso que en el lenguaje flamenco se llama “jondura”, es decir, con una voz que le sale de lo profundo y que suena a suspiro o a desgarro del alma; voz interior percibida, en ocasiones, como lamento o quejío, y, otras veces, como confidenciaamable y amiga que adquiere, en el tono sobrio de su voz, el valor de la palabra tierna, creíble y verdadera.
En su infancia y, por supuesto, en lo que sería su futuro artístico, desempeñó un papel fundamental el barrio concreto en que nació: fue en Mataderos, barrio que en el Buenos Aires de los años treinta era un lugar fronterizo entre la pampa y la gran ciudad.
A un lado de aquel barrio –y de la casa en que nació Carlos– se encontraba el mundo y la realidad rural, con sus paisajes, sus gentes sencillas, el verde, el ganado, el gaucho y su folclore –zambas, milongas y chacareras–; al otro lado, la ciudad, el suburbio, la sed de verde, la calle, el arrabal, el bullicio, la soledad, el tango; género musical de carácter urbano y popular que el gran Discépolo definió como un pensamiento triste que se baila.
Zambas, milongas, chacareras... y tangos..., que Carlos fue integrando en su sensibilidad musical; sensibilidad reforzada, además, a través de su formación clásica, adquirida, inicialmente, en las clases particulares de guitarra que recibió en su casa, y, poco tiempo después, en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Bouchardo.
El hecho fue que Carlos a los cinco años ya tocaba la guitarra.
Su padre –también guitarrero, que formaba parte de un grupo musical llamado Alberto Coria y su Cuarteto– lo que más deseaba era que su hijo se dedicara exclusivamente a estudiar, pero, a pesar de sus deseos, no pudo evitar que Carlos, siendo aún muy niño, iniciara sus primeras actuaciones en público.
Una de aquellas actuaciones tuvo lugar el 5 de octubre de 1949, en un Gran Festival Artístico y Cinematográfico, organizado por la Asociación “11 de Setiembre”, en el Cine National Palace; festival en que se le anunciaba así: “El niño Juan Carlos Zamboni. Canto, acompañado en guitarra”.
“En casa había gran tradición –comentaba Carlos en el diario Madrid, el 6 de noviembre de 1971–. Era lógico que me entusiasmara con la música desde el principio. Pero fue un aprendizaje duro, porque había que vivir y ganar dinero.
Así, toqué en salas de fiestas y cabarés, en salones folclóricos y boites, cuando era todavía un adolescente. Por supuesto, con el permiso de mi padre en el bolsillo, por si la policía me encontraba a altas horas de la noche en la calle... Después, ingresé en el Conservatorio de Música, donde aprendí las normas de lo clásico, que afortunadamente no destruyeron para nada mi entusiasmo ni mi afición por el folclore [...]. En el Conservatorio aprendí lo clásico; la calle me enseñó el folclore, lo que cantaba y sigue cantando la gente”.
Hasta 1959, Carlos Montero –o, mejor, Juan Carlos Zamboni– participó en diversos grupos musicales y afianzó su carrera como solista ofreciendo recitales de canto y guitarra en los que interpretaba, sobre todo, temas folclóricos.
Uno de aquellos recitales fue, por ejemplo, el que dio, en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1958, organizado por MEEBA, Asociación de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes.
Aquel recital, en el que Carlos interpretó obras populares de Ariel Ramírez, de Oscar Valles, de Eduardo Falú y de Jaime Dávalos, fue presentado en los siguientes términos: “Nuestra música autóctona, expresión melancólica de ardiente sentir que anida en los sentimientos de los hombres de nuestra tierra, tiene un ferviente y expresivo cultor en el joven artista Juan Carlos Zamboni [...].
MEEBA, al brindarlo a la consideración del público amante de esas bellezas del espíritu, asegura a este joven ejecutante un lugar de privilegio entre los valores de ese género que encuentra hoy en Buenos Aires la cuna del nacimiento del Arte Folclórico”.
En 1959, con toda la experiencia artística acumulada, Carlos recibió la oferta de un conocido músico argentino, Hugo Díaz, para incorporarse a una compañía folclórica que estaba montando con la intención de emprender una gira por diferentes países europeos; entre ellos, Alemania, Bélgica y Holanda.
Carlos aceptó la propuesta e ingresó en aquella compañía, que, con el nombre de Hugo Díaz y sus Changos, integraban el propio Hugo, Victoria Díaz –su mujer–, Carlos, Alberto Cortez y un bailarín apellidado Ferreira.
Así fue como Juan Carlos Zamboni, ya con el nombre artístico de Carlos Montero –sugerido por el representante de Hugo Díaz–, viajó por primera vez a Europa para presentar un espectáculo al que llamaron Argentine National Tanz-Show.
Finalizada aquella gira europea, Hugo Díaz y Victoria regresaron a Argentina, y Carlos Montero y Alberto Cortez decidieron quedarse en Europa.
Esta decisión la motivó el gran éxito que en aquel momento había logrado Alberto con la grabación, en Bruselas, de sus primeras canciones; entre ellas, El sucu-sucu y Las palmeras; grabación realizada en noviembre de 1960, en la que Carlos le acompañó a la guitarra. Aquella circunstancia le permitió a Alberto darse a conocer por toda Europa, y empezar a ofrecer numerosos recitales, en los que Carlos Montero solía acompañarle.
En 1964, Alberto Cortez, tras contraer matrimonio con Renée Govaerts, fijó su residencia en España, y Carlos, siguiendo sus pasos, tomó la decisión de trasladarse a vivir a Madrid.
Durante varios años –en concreto, entre 1964 y 1971, y, posteriormente, siempre que se lo solicitaron–, Carlos, vinculado totalmente a la canción de autor, llegó a convertirse en uno de los más importantes arreglistas de la época; por ejemplo, prestó su sensibilidad, su maestría y su sabiduría musical a artistas como Alberto Cortez, Luis Eduardo Aute, Mari Trini, Patxi Andión, Gontzal Mendibil, Jerónimo Granda, Adolfo Celdrán, Mestisay, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Carlos Cano y muchos más.
En 1971, tras todo ese recorrido musical, decidió grabar su primer disco, con el fin de reivindicar y actualizar el auténtico folclore de su país natal. Aquella fue una aventura apasionante, gracias, entre otras razones, a su encuentro con el poeta argentino José Alberto Santiago –ganador del premio de poesía Leopoldo Panero, y hoy lamentablemente fallecido–, que llegó a convertirse en su cómplice literario inseparable.
“Yo siempre tuve ganas de hacer un disco –le comentaba Carlos a Alberto Míguez, en la entrevista al diario Madrid antes citada– He trabajado en varias casas de discos y estoy muy relacionado con el ‘medio’. Pero necesitaba una persona que compartiera mis propias inquietudes. Yo soy un mal letrista; no soy escritor, soy músico. Hasta que un día conocí por casualidad al poeta José Alberto Santiago, que compartía mis propias inquietudes pero desde otra perspectiva: la de la literatura. Él buscaba una persona que pudiera musicalizar sus poemas. Yo buscaba una letra adecuada para mis músicas. Comenzamos a reunirnos y hablamos largo rato”.
“Primero, surgía el tema poéticamente, y, después de muchas tentativas, tensiones, discrepancias, iban saliendo la música y la letra al unísono. No se trataba, pues, de dos realidades autónomas que llegaban a unirse, sino de un solo acto de creación, realizado al mismo tiempo por dos personas. Después de la reunión, cada uno se iba a su casa y revisaba, mejoraba los textos y la música. Claro que no todas las tardes fueron inspiradas. Nos pasamos muchas horas en blanco, sin saber qué escribir ni qué inventar. Otras eran, por el contrario, tremendamente fecundas. Dependía del estado de ánimo y de la inspiración”.
Así fue como nacieron los tres primeros discos de Carlos Montero; tres obras inolvidables que se convirtieron en documentos sonoros básicos para entender y para disfrutar de la auténtica música popular argentina.
El primero se llamó De la huella (Movieplay, 1971), disco en el que, además de las canciones compuestas sobre textos de José Alberto Santiago, Carlos incluyó el tema Hacia la ausencia, de Jaime Dávalos y Eduardo Falú, y una preciosa zamba basada en un poema de Patxi Andión. Con ese disco ya en el mercado, Carlos Montero participó en el Primer Festival Internacional del Poema Musicado –también llamado Festival del Fuego–, celebrado en septiembre de 1972, en el Club Entrepicos, de la sierra madrileña.
En aquel festival, Carlos y José Alberto obtuvieron el primer premio con el tema Zamba de la pensión; canción que grabó y editó Movieplay en un single, y que inmediatamente adquirió una gran popularidad.
Los otros dos discos de Carlos, creados en colaboración con el poeta José Alberto Santiago sobre temas del folclore argentino actualizados, fueron los titulados De las raíces (Movieplay, 1973) y De allá lejos y este tiempo (Movieplay, 1976).
Sobre el valor musical y poético de estos discos resulta muy interesante el contenido de la carta que le escribió el poeta Félix Grande a Julio Cortázar, residente en aquel entonces en París, que apareció publicada en la carpeta del segundo LP de Carlos Montero –De las raíces–, y de la que me voy a permitir reproducir un fragmento:
“José Alberto Santiago –escribía Félix Grande– sigue dándole al verso, por aquí anda, y en una de ésas acertó en todo el centro a unas cuantas letras de zamba, milonga, chacarera, vidala y, sobre todo, claro, de vidalita irreparable; y como a veces es verdad que nada importante se pierde, apareció Carlos Montero, un porteño de Mataderos (¡de Mataderos, che!), agarró esas letras tan verdaderamente argentinas que hasta llevan entre sus versos unos años de expatriación, y amando mucho a su lejana partida de bautismo diseminada por toda aquella patria de provincias inmensas y caudillos norteños y del folclore impresionante, y usando de su voz que es a la vez ingenua y profesora, que es a la vez tierna y viril (si vieras qué cantor de tangos), y manejando una técnica guitarrística de estudioso del corazón, y creando melodías alucinadas, hizo con todo ello unos discos, que son, también, una partida de bautismo, un lenguaje; por eso tú, Julio, parsimonioso catador de lenguajes, imagina que en dirigible umbilical y misteriosamente llegué a París, que en silencio y sin llave y sin llamar entré en tu casa, que eché a andar este disco que se llama De las raíces con precisión tumultuosa, y que sin hacer ruido me fue cuando empezaba a sonar esa Zamba de la pensión insoportablemente hermosa o esa excepcional vidalita que ahora tú empiezas a oír desde la almohada insomne, y te levantas, y te acercas hasta esta música, y escuchas solitario, y empiezas a preparar el mate, y fumas en la oscuridad deseando suerte para vivir a estos poetas, a estos dos camaradas americanos que giran, giran, giran su amor y su nostalgia y su profundidad en este disco incontenible”.
Paralelamente al trabajo creador que hemos analizado, en el que Carlos realizó la reivindicación y la actualización del auténtico folclore rural de su país, también se propuso la necesaria recuperación de la esencia de otro género de la música popular argentina de carácter más urbano: el tango; recuperación personalísima y dignificadora que calificó como Tangos a mi manera, nombre del primer LP, grabado en 1973 por Carlos Montero y dedicado exclusivamente a ese género.
En la contraportada de la carpeta de aquel disco, Carlos escribía:
“Quiero dejar constancia de que el tango es una parte más de la música popular argentina y de que Buenos Aires es otra de las muchas regiones que le dan variedad y riqueza al folclore.
Por todo esto y a mi manera, quiero rendir un homenaje a aquellos hombres que, alrededor de los años treinta, comprendieron el peligro de la comercialidad y la cursilería que rodeaba al tango.
Gracias a sus obras, podemos gozar hoy de su autenticidad y también del peculiar lenguaje que aún se mantiene, ¡lo único quizá!, y que les da a los porteños esa particularidad que distingue a los pueblos con propias y entrañables raíces”.
Homenaje que en Tangos a mi manera se traduce en la exaltación de grandes nombres propios como Homero Manzi, Aníbal Troilo, Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, y en piezas hermosamente inolvidables como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, El último organillo, Malena, Sur y Che bandoneón.
Catorce años más tarde, sin dejar de trabajar como compositor y como arreglista, y de acompañar a la guitarra a muchos de los compañeros artistas antes citados, Carlos grabó y publicó una nueva obra, titulada Y sigo con los tangos... (Saga, 1987).
En aquel disco volvió a hacerse presente la obra de Discépolo con temas como Esta noche me emborracho, Victoria y Yira yira; y, junto a él, otros grandes creadores argentinos como Homero Expósito, Nicolás Olivari, Homero Manzi o Eladia Blázquez.
Apartir de aquel momento, la presencia discográfica de Carlos, interpretando tangos, fue permanente. Entre sus discos figuran los siguientes:
Con el tango en el bolsillo (Saga, 1989) –en el que incluye, por ejemplo, el tema Setenta balcones, de Piazzolla y Baldomero Fernández Moreno–, Perfil de tango (RTVE-RNE, 1990), un segundo disco titulado Tangos a mi manera (RTVE-RNE, 1990) –ilustrado con un magnífico retrato de Aute– y Naturalmente, tangos (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001).
Luis Eduardo Aute, refiriéndose a esa pasión que Carlos Montero siente y sabe transmitir con el tango, y, en general, a su extraordinaria personalidad como músico y como guitarrista, realiza este comentario:
“Me propuse conocer a Carlos, allá por el 68, después de haberlo escuchado tocar la guitarra, acompañando a otro compañero, en un programa de radio. Carlos tocaba, y toca, la guitarra como a mí me hubiera gustado hacerlo, por eso llegué a la urgente necesidad de conocer a aquel extraordinario guitarrista. A partir de aquel encuentro, se inició una amistad que daría como fruto toda una serie de discos, mis primeros discos, que contaban con la imprescindible colaboración de Carlos. Todos los arreglos de aquellas canciones eran arreglos suyos. Eran trabajos de difícil clasificación porque intentaban a toda costa salirse de la norma instrumental de aquellos años. Ahí están, como testimonio de aquel trabajo, discos como 24 canciones breves, Rito, Espuma, Sarcófago o Babel.
Pero, probablemente, la faceta oculta de Carlos, faceta que me descubrió algún tiempo después (pudores estúpidos del genio...), era la de cantante de folclore argentino y de tangos. [...] Los tangos, en la guitarra y en la voz de Carlos Montero, adquieren una nueva dimensión... Se transforman en canciones intimistas, llenas de matices que apuntan hacia nuevas vibraciones poéticas y musicales, a esa manera de entender la canción. Discépolo, Manzi, Cátulo Castillo, Cadícamo, Expósito, se descubrían, a través de la personalidad de Carlos, como los más grandes entre los grandes de la canción.
“Debo confesar, con toda sinceridad –continúa diciendo Aute–, que gracias a Carlos y sus tangos, abrí los ojos y los oídos a una ‘esencialidad’ de la manera de escribir canciones. Gracias a esos tangos..., a la manera de Carlos, empecé a aprender, y todavía sigo en el empeño, el muy difícil oficio de juntar palabras y acordes musicales con el fin de ser cantados”.
Por su parte, Moncho Alpuente, al hablar de Carlos Montero, en 1990, escribió lo siguiente:
“Carlos Montero sabe que el tango anida en los rincones oscuros de bulevares y plazuelas, folclore bastardo que se nutre de sombras, de mujeres fugaces que dejaron su huella en el empedrado. Su guitarra conjura los espíritus del tango y la milonga, al otro lado del Atlántico, y sus espíritus responden porque el viajero es un iniciado en los misterios que destilan las seis cuerdas. Su voz, como un susurro de aguardiente y nostalgia, repasa las lejanas geografías de Buenos Aires. [...]
“Carlos Montero, contemporáneo y sabio, traspasa las fronteras del tiempo y del espacio con su canción eterna, melodía de arrabal, de todos los arrabales del mundo en los que reina resucitado por su ensalmo S. M. el Tango”.
De Carlos Montero debemos decir, por último, que, en 1990, fue galardonado con el premio Gardel de Oro, otorgado por el Centro Cultural Argentino del Tango, en Buenos Aires, y que ha sido director y presentador, en Radio Nacional de España, del programa titulado La noche que me quieras.

Carlos Montero
Y SIGO CON LOS TANGOS

01. YIRA YIRA - E. S. Discépolo
02. SOLO SE QUIERE UNA VEZ - C. Frollo, Carlos V. G. Flores
03. MAQUILLAJE - H. y V. Expósito
04. SIN PIEL - Eladia Blázquez
05. VICTORIA - E. S. Discépolo
06. AFICHES - H. Expósito, A. Stampone
07. TRES ESQUINAS - Cadícamo, Attadia y D'Agostino
08. CAFETIN - H. Expósito, A. Galván
09. ESTA NOCHE ME EMBORRACHO - E. S. Discépolo
10. SEXTO PISO - H. Expósito, R. Blanco
11. LA VIOLETA - N. Olivari, C. Castillo
12. EL ULTIMO ORGANITO - H. Manzi
13. SETENTA BALCONES - A. Piazzolla, B. Fernández Moreno
14. UNA CANCION - A. Troilo, F. de Rose, Audón López, Juan M. Velich
15. UNO - E. S. Discépolo

Descargar

(Gentileza de eltangoysusinvitados.blogspot)

Carlos Montero - DE LA HUELLA


Carlos Montero
DE LA HUELLA
Movieplay
1972

01. MILONGA DE OTOÑO
02. HACIA LA AUSENCIA
03. VIDALA DE LA SEQUIA
04. CHACARERA DEL CORDOBES
05. EL TATA JUAN
06. ZAMBA SIN DESPEDIDA
07. MILONGA DEL ''A VECES''
08. VIDALA DE LA AUSENCIA
09. ZAMBA
10. HUELLA PARA ECHARSE AL CAMPO

Descargar

Carlos Montero - De allá lejos y este tiempo

Carlos Montero
DE ALLA LEJOS Y ESTE TIEMPO
1976

01. Milonga del canto triste
02. Chaya del solo
03. Campo
04. Zamba de la Elda
05. Coplas del divertido
06. La riojanita
07. Vals criollo
08. Cielo de los avenidos
09. Preludio No1
10. Tonadas del amor viejo

Descargar

Carlos Montero - De las raíces

Carlos Montero
DE LAS RAICES
Movieplay
1973

01. Zamba de la pensión
02. Gato de los árboles
03. Baguala en la muerte de un gaucho del 'Chacho' Peñaloza
04. Estilo del pobre
05. Chacarera del provinciano
06. Vidalita del no estar
07. El 'trompezao'
08. La despedida
09. Cifra para un regreso
10. Milonga del cantor

Descargar


Carlos Montero

Carlos Montero

por Fernando G. Lucini el 03/10/2008 
Juan Carlos Zamboni, verdadero nombre de Carlos Montero, nació en Buenos Aires, en 1938.

Carlos, con su corazón “siempre mirando al Sur”, es un músico y un guitarrista excepcional que, además, canta; y lo hace con eso que en el lenguaje flamenco se llama “jondura”, es decir, con una voz que le sale de lo profundo y que suena a suspiro o a desgarro del alma; voz interior percibida, en ocasiones, como lamento o quejío, y, otras veces, como confidencia amable y amiga que adquiere, en el tono sobrio de su voz, el valor de la palabra tierna, creíble y verdadera.

En su infancia y, por supuesto, en lo que sería su futuro artístico, desempeñó un papel fundamental el barrio concreto en que nació: fue en Mataderos, barrio que en el Buenos Aires de los años treinta era un lugar fronterizo entre la pampa y la gran ciudad.

A un lado de aquel barrio –y de la casa en que nació Carlos– se encontraba el mundo y la realidad rural, con sus paisajes, sus gentes sencillas, el verde, el ganado, el gaucho y su folclore –zambas, milongas y chacareras–; al otro lado, la ciudad, el suburbio, la sed de verde, la calle, el arrabal, el bullicio, la soledad, el tango; género musical de carácter urbano y popular que el gran Discépolo definió como un pensamiento triste que se baila.

Zambas, milongas, chacareras... y tangos..., que Carlos fue integrando en su sensibilidad musical; sensibilidad reforzada, además, a través de su formación clásica, adquirida, inicialmente, en las clases particulares de guitarra que recibió en su casa, y, poco tiempo después, en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Bouchardo.

El hecho fue que Carlos a los cinco años ya tocaba la guitarra.

Su padre –también guitarrero, que formaba parte de un grupo musical llamado Alberto Coria y su Cuarteto– lo que más deseaba era que su hijo se dedicara exclusivamente a estudiar, pero, a pesar de sus deseos, no pudo evitar que Carlos, siendo aún muy niño, iniciara sus primeras actuaciones en público.

Una de aquellas actuaciones tuvo lugar el 5 de octubre de 1949, en un Gran Festival Artístico y Cinematográfico, organizado por la Asociación “11 de Setiembre”, en el Cine National Palace; festival en que se le anunciaba así: “El niño Juan Carlos Zamboni. Canto, acompañado en guitarra”.

“En casa había gran tradición –comentaba Carlos en el diario Madrid, el 6 de noviembre de 1971–. Era lógico que me entusiasmara con la música desde el principio. Pero fue un aprendizaje duro, porque había que vivir y ganar dinero.

Así, toqué en salas de fiestas y cabarés, en salones folclóricos y boites, cuando era todavía un adolescente. Por supuesto, con el permiso de mi padre en el bolsillo, por si la policía me encontraba a altas horas de la noche en la calle... Después, ingresé en el Conservatorio de Música, donde aprendí las normas de lo clásico, que afortunadamente no destruyeron para nada mi entusiasmo ni mi afición por el folclore [...]. En el Conservatorio aprendí lo clásico; la calle me enseñó el folclore, lo que cantaba y sigue cantando la gente”.

Hasta 1959, Carlos Montero –o, mejor, Juan Carlos Zamboni– participó en diversos grupos musicales y afianzó su carrera como solista ofreciendo recitales de canto y guitarra en los que interpretaba, sobre todo, temas folclóricos.

Uno de aquellos recitales fue, por ejemplo, el que dio, en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1958, organizado por MEEBA, Asociación de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes.

Aquel recital, en el que Carlos interpretó obras populares de Ariel Ramírez, de Oscar Valles, de Eduardo Falú y de Jaime Dávalos, fue presentado en los siguientes términos: “Nuestra música autóctona, expresión melancólica de ardiente sentir que anida en los sentimientos de los hombres de nuestra tierra, tiene un ferviente y expresivo cultor en el joven artista Juan Carlos Zamboni [...].

MEEBA, al brindarlo a la consideración del público amante de esas bellezas del espíritu, asegura a este joven ejecutante un lugar de privilegio entre los valores de ese género que encuentra hoy en Buenos Aires la cuna del nacimiento del Arte Folclórico”.

En 1959, con toda la experiencia artística acumulada, Carlos recibió la oferta de un conocido músico argentino, Hugo Díaz, para incorporarse a una compañía folclórica que estaba montando con la intención de emprender una gira por diferentes países europeos; entre ellos, Alemania, Bélgica y Holanda.

Carlos aceptó la propuesta e ingresó en aquella compañía, que, con el nombre de Hugo Díaz y sus Changos, integraban el propio Hugo, Victoria Díaz –su mujer–, Carlos, Alberto Cortez y un bailarín apellidado Ferreira.

Así fue como Juan Carlos Zamboni, ya con el nombre artístico de Carlos Montero –sugerido por el representante de Hugo Díaz–, viajó por primera vez a Europa para presentar un espectáculo al que llamaron Argentine National Tanz-Show.

Finalizada aquella gira europea, Hugo Díaz y Victoria regresaron a Argentina, y Carlos Montero y Alberto Cortez decidieron quedarse en Europa.

Esta decisión la motivó el gran éxito que en aquel momento había logrado Alberto con la grabación, en Bruselas, de sus primeras canciones; entre ellas, El sucu-sucu y Las palmeras; grabación realizada en noviembre de 1960, en la que Carlos le acompañó a la guitarra. Aquella circunstancia le permitió a Alberto darse a conocer por toda Europa, y empezar a ofrecer numerosos recitales, en los que Carlos Montero solía acompañarle.

En 1964, Alberto Cortez, tras contraer matrimonio con Renée Govaerts, fijó su residencia en España, y Carlos, siguiendo sus pasos, tomó la decisión de trasladarse a vivir a Madrid.

Durante varios años –en concreto, entre 1964 y 1971, y, posteriormente, siempre que se lo solicitaron–, Carlos, vinculado totalmente a la canción de autor, llegó a convertirse en uno de los más importantes arreglistas de la época; por ejemplo, prestó su sensibilidad, su maestría y su sabiduría musical a artistas como Alberto Cortez, Luis Eduardo Aute, Mari Trini, Patxi Andión, Gontzal Mendibil, Jerónimo Granda, Adolfo Celdrán, Mestisay, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Carlos Cano y muchos más.

En 1971, tras todo ese recorrido musical, decidió grabar su primer disco, con el fin de reivindicar y actualizar el auténtico folclore de su país natal. Aquella fue una aventura apasionante, gracias, entre otras razones, a su encuentro con el poeta argentino José Alberto Santiago –ganador del premio de poesía Leopoldo Panero, y hoy lamentablemente fallecido–, que llegó a convertirse en su cómplice literario inseparable.

“Yo siempre tuve ganas de hacer un disco –le comentaba Carlos a Alberto Míguez, en la entrevista al diario Madrid antes citada– He trabajado en varias casas de discos y estoy muy relacionado con el ‘medio’. Pero necesitaba una persona que compartiera mis propias inquietudes. Yo soy un mal letrista; no soy escritor, soy músico. Hasta que un día conocí por casualidad al poeta José Alberto Santiago, que compartía mis propias inquietudes pero desde otra perspectiva: la de la literatura. Él buscaba una persona que pudiera musicalizar sus poemas. Yo buscaba una letra adecuada para mis músicas. Comenzamos a reunirnos y hablamos largo rato”.

“Primero, surgía el tema poéticamente, y, después de muchas tentativas, tensiones, discrepancias, iban saliendo la música y la letra al unísono. No se trataba, pues, de dos realidades autónomas que llegaban a unirse, sino de un solo acto de creación, realizado al mismo tiempo por dos personas. Después de la reunión, cada uno se iba a su casa y revisaba, mejoraba los textos y la música. Claro que no todas las tardes fueron inspiradas. Nos pasamos muchas horas en blanco, sin saber qué escribir ni qué inventar. Otras eran, por el contrario, tremendamente fecundas. Dependía del estado de ánimo y de la inspiración”.

Así fue como nacieron los tres primeros discos de Carlos Montero; tres obras inolvidables que se convirtieron en documentos sonoros básicos para entender y para disfrutar de la auténtica música popular argentina.

El primero se llamó De la huella (Movieplay, 1971), disco en el que, además de las canciones compuestas sobre textos de José Alberto Santiago, Carlos incluyó el tema Hacia la ausencia, de Jaime Dávalos y Eduardo Falú, y una preciosa zamba basada en un poema de Patxi Andión. Con ese disco ya en el mercado, Carlos Montero participó en el Primer Festival Internacional del Poema Musicado –también llamado Festival del Fuego–, celebrado en septiembre de 1972, en el Club Entrepicos, de la sierra madrileña.

En aquel festival, Carlos y José Alberto obtuvieron el primer premio con el tema Zamba de la pensión; canción que grabó y editó Movieplay en un single, y que inmediatamente adquirió una gran popularidad.

Los otros dos discos de Carlos, creados en colaboración con el poeta José Alberto Santiago sobre temas del folclore argentino actualizados, fueron los titulados De las raíces (Movieplay, 1973) y De allá lejos y este tiempo (Movieplay, 1976).

Sobre el valor musical y poético de estos discos resulta muy interesante el contenido de la carta que le escribió el poeta Félix Grande a Julio Cortázar, residente en aquel entonces en París, que apareció publicada en la carpeta del segundo LP de Carlos Montero –De las raíces–, y de la que me voy a permitir reproducir un fragmento:

“José Alberto Santiago –escribía Félix Grande– sigue dándole al verso, por aquí anda, y en una de ésas acertó en todo el centro a unas cuantas letras de zamba, milonga, chacarera, vidala y, sobre todo, claro, de vidalita irreparable; y como a veces es verdad que nada importante se pierde, apareció Carlos Montero, un porteño de Mataderos (¡de Mataderos, che!), agarró esas letras tan verdaderamente argentinas que hasta llevan entre sus versos unos años de expatriación, y amando mucho a su lejana partida de bautismo diseminada por toda aquella patria de provincias inmensas y caudillos norteños y del folclore impresionante, y usando de su voz que es a la vez ingenua y profesora, que es a la vez tierna y viril (si vieras qué cantor de tangos), y manejando una técnica guitarrística de estudioso del corazón, y creando melodías alucinadas, hizo con todo ello unos discos, que son, también, una partida de bautismo, un lenguaje; por eso tú, Julio, parsimonioso catador de lenguajes, imagina que en dirigible umbilical y misteriosamente llegué a París, que en silencio y sin llave y sin llamar entré en tu casa, que eché a andar este disco que se llama De las raíces con precisión tumultuosa, y que sin hacer ruido me fue cuando empezaba a sonar esa Zamba de la pensión insoportablemente hermosa o esa excepcional vidalita que ahora tú empiezas a oír desde la almohada insomne, y te levantas, y te acercas hasta esta música, y escuchas solitario, y empiezas a preparar el mate, y fumas en la oscuridad deseando suerte para vivir a estos poetas, a estos dos camaradas americanos que giran, giran, giran su amor y su nostalgia y su profundidad en este disco incontenible”.

Paralelamente al trabajo creador que hemos analizado, en el que Carlos realizó la reivindicación y la actualización del auténtico folclore rural de su país, también se propuso la necesaria recuperación de la esencia de otro género de la música popular argentina de carácter más urbano: el tango; recuperación personalísima y dignificadora que calificó como Tangos a mi manera, nombre del primer LP, grabado en 1973 por Carlos Montero y dedicado exclusivamente a ese género.

En la contraportada de la carpeta de aquel disco, Carlos escribía:

“Quiero dejar constancia de que el tango es una parte más de la música popular argentina y de que Buenos Aires es otra de las muchas regiones que le dan variedad y riqueza al folclore.

Por todo esto y a mi manera, quiero rendir un homenaje a aquellos hombres que, alrededor de los años treinta, comprendieron el peligro de la comercialidad y la cursilería que rodeaba al tango.

Gracias a sus obras, podemos gozar hoy de su autenticidad y también del peculiar lenguaje que aún se mantiene, ¡lo único quizá!, y que les da a los porteños esa particularidad que distingue a los pueblos con propias y entrañables raíces”.

Homenaje que en Tangos a mi manera se traduce en la exaltación de grandes nombres propios como Homero Manzi, Aníbal Troilo, Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, y en piezas hermosamente inolvidables como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, El último organillo, Malena, Sur y Che bandoneón.

Catorce años más tarde, sin dejar de trabajar como compositor y como arreglista, y de acompañar a la guitarra a muchos de los compañeros artistas antes citados, Carlos grabó y publicó una nueva obra, titulada Y sigo con los tangos... (Saga, 1987).

En aquel disco volvió a hacerse presente la obra de Discépolo con temas como Esta noche me emborracho, Victoria y Yira yira; y, junto a él, otros grandes creadores argentinos como Homero Expósito, Nicolás Olivari, Homero Manzi o Eladia Blázquez.

Apartir de aquel momento, la presencia discográfica de Carlos, interpretando tangos, fue permanente. Entre sus discos figuran los siguientes:

Con el tango en el bolsillo (Saga, 1989) –en el que incluye, por ejemplo, el tema Setenta balcones, de Piazzolla y Baldomero Fernández Moreno–, Perfil de tango (RTVE-RNE, 1990), un segundo disco titulado Tangos a mi manera (RTVE-RNE, 1990) –ilustrado con un magnífico retrato de Aute– y Naturalmente, tangos (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001).

Luis Eduardo Aute, refiriéndose a esa pasión que Carlos Montero siente y sabe transmitir con el tango, y, en general, a su extraordinaria personalidad como músico y como guitarrista, realiza este comentario:

“Me propuse conocer a Carlos, allá por el 68, después de haberlo escuchado tocar la guitarra, acompañando a otro compañero, en un programa de radio. Carlos tocaba, y toca, la guitarra como a mí me hubiera gustado hacerlo, por eso llegué a la urgente necesidad de conocer a aquel extraordinario guitarrista. A partir de aquel encuentro, se inició una amistad que daría como fruto toda una serie de discos, mis primeros discos, que contaban con la imprescindible colaboración de Carlos. Todos los arreglos de aquellas canciones eran arreglos suyos. Eran trabajos de difícil clasificación porque intentaban a toda costa salirse de la norma instrumental de aquellos años. Ahí están, como testimonio de aquel trabajo, discos como 24 canciones breves, Rito, Espuma, Sarcófago o Babel.

Pero, probablemente, la faceta oculta de Carlos, faceta que me descubrió algún tiempo después (pudores estúpidos del genio...), era la de cantante de folclore argentino y de tangos. [...] Los tangos, en la guitarra y en la voz de Carlos Montero, adquieren una nueva dimensión... Se transforman en canciones intimistas, llenas de matices que apuntan hacia nuevas vibraciones poéticas y musicales, a esa manera de entender la canción. Discépolo, Manzi, Cátulo Castillo, Cadícamo, Expósito, se descubrían, a través de la personalidad de Carlos, como los más grandes entre los grandes de la canción.

“Debo confesar, con toda sinceridad –continúa diciendo Aute–, que gracias a Carlos y sus tangos, abrí los ojos y los oídos a una ‘esencialidad’ de la manera de escribir canciones. Gracias a esos tangos..., a la manera de Carlos, empecé a aprender, y todavía sigo en el empeño, el muy difícil oficio de juntar palabras y acordes musicales con el fin de ser cantados”.

Por su parte, Moncho Alpuente, al hablar de Carlos Montero, en 1990, escribió lo siguiente:

“Carlos Montero sabe que el tango anida en los rincones oscuros de bulevares y plazuelas, folclore bastardo que se nutre de sombras, de mujeres fugaces que dejaron su huella en el empedrado. Su guitarra conjura los espíritus del tango y la milonga, al otro lado del Atlántico, y sus espíritus responden porque el viajero es un iniciado en los misterios que destilan las seis cuerdas. Su voz, como un susurro de aguardiente y nostalgia, repasa las lejanas geografías de Buenos Aires. [...]

“Carlos Montero, contemporáneo y sabio, traspasa las fronteras del tiempo y del espacio con su canción eterna, melodía de arrabal, de todos los arrabales del mundo en los que reina resucitado por su ensalmo S. M. el Tango”.

De Carlos Montero debemos decir, por último, que, en 1990, fue galardonado con el premio Gardel de Oro, otorgado por el Centro Cultural Argentino del Tango, en Buenos Aires, y que ha sido director y presentador, en Radio Nacional de España, del programa titulado La noche que me quieras.

DISCOGRAFÍA DE CARLOS MONTERO

 De la huella (Movieplay, 1971) • De las raíces (Movieplay, 1973)
 • Tangos a mi manera (Movieplay, 1973)
 • De allá lejos y este tiempo (Movieplay, 1976)
 • Y sigo con los tangos... (Saga, 1987)
 • Con el tango en el bolsillo (Saga, 1989)
 • Perfil de tango (RTVE-RNE, 1990)
 • Tangos a mi manera II (RTVE-RNE, 1990)
 • Naturalmente, tangos (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001)
 • Tangolatría (Sello Autor, 2008)