viernes, 4 de mayo de 2012

Los Fronterizos - LOS 20 AÑOS DE LOS FRONTERIZOS


Los Fronterizos
LOS 20 AÑOS DE LOS FRONTERIZOS

EDUARDO MADEO
Longobuco, pintoresco pueblito italiano enclavado en la cadena montañosa de “Las Lilas”, vio florecer un romance entre quienes, años más tarde, formarían su hogar en la Argentina. Cuatro hijos pondrían cuatro destellos de felicidad en el solar cristiano de los Madeo, donde la sencillez y la paz serán el mejor incentivo para desarrollar el espíritu artístico de los pequeños. “Pancho” fue siempre el más inquieto y ambicioso de los tres varones Desde muy niño escribía historietas que luego vendía con gran aceptación entre los camaradas del barrio. Eduardo, por su parte, amaba la naturaleza y, dialogando siempre en sus correrías con los árboles, con los cielos y los atardeceres, tarareaba bajito las melodías que oía en la radio o que le dictaban los pájaros. Cursando el tercer año, en el colegió participó como solista en el coro mixto, con el que se escuchó por primera vez en un disco. Al formarse en Salta el primer Coro Polifónico de 150 voces, dirigido por el Padre Anduaga, Eduardo fue uno de los socios fundadores.
Los principios religiosos inculcados por sus padres se vieron satisfechos al ingresar como activo miembro de la Acción Católica, donde haría grandes amistades: allí conoció a Daher, buen domador y mejor agricultor, que insensiblemente influiría en su carrera artística, porque al invitarlo a su propiedad en San Carlos lo pondría en contacto con el vallisto cafayateño. Con el correr de los años, aquel jovenzuelo recordaría con nostalgia el canto grave y doliente de Angastaco: el bagualero. Los campamentos anuales de la asociacion con sus reuniones de fogón madurarían en él su vocacion musical. En orta oportunidad, el Colegio Nacional de Salta organizaba una fiesta estudiantil en la Sociedad Rural cuando Miguel Perez, gran amigo, le sugirió formar un cuarteto vocal para cantar canciones folklóricas. La idea le llenó de gozo porque eso colmaba su inclinación al canto. Se pusieron al habla con otros amigos: Sosa y Torres, y bautizaron a su conjunto con el nombre de “Los Coyuyos”, los insectos músicos que pueblan las tardes norteñas con sus interminables arrullos violineros
Una incesante actividad les puso en contacto con el público, a la vez que por diversos motivos “Los Coyuyos” se renovaban: entró un pianista, Carlos Badaeli, después fueron los hermanos Cacho y Pocho Torres, En el año 1952 intervinieron en el concurso de zambas organizado por la entidad “El Círculo”, cuyo jurado lo integraban los conocidos autores Gustavo Leguizamón y Manuel Castilla En dicha oportunidad interpretaron las composiciones “Hacia la ausencia”, que obtuvo el primer premio, y “La naranjera”, (que más tarde se llamarla “La nochera”) salió segunda A partir de ese entonces, comenzó la amistad del joven Madeo con Juan Carlos Moreno.
Los salteños, más que ningún otro provinciano, aman entrañablemente su “pago”, se sienten atados con un lazo casi vivo a su paisaje, sus cerros, su tradición. La soledad de las montañas, que a veces puede parecer cruel, en la distancia se tiene la certeza de que cobra vida y es una voz que llama y un silencio que espera. Y la voz de la tierra es la que constantemente golpeaba la nostalgia de Eduardo Madeo cuando éste viajó a Córdoba a estudiar arquitectura: pronto renunció a sus estudios y regresó a Salta para reiniciar sus actividades con el conjunto “Los Coyuyos”.
Un día de se les propuso actuar en un festival junto a “Los Chalchaleros” y a otro conjunto estudiantil que respondía al nombre de “Los Fronterizos” y que estaba integrado por López, Barbarán y Valdéz. Estaba escrito que esa noche, de gran éxito para estos últimos, sería el punto de partida para una amistad de por vida.

JUAN CARLOS MORENO
De padre cordobés y madre salteña, Juan Carlos Moreno nació el 19 de Junio de 1931 en la provincia de Jujuy. La mayor parte de su niñez transcurrió en la “finca” de sus tíos, inmortalizada por Falú en la zamba del mismo nombre: “La Candelaria”. Su tío carnal: “Poncho” Marrupe, maravilloso anfitrión, reunía a menudo alrededor de su fogón a sus caros amigos, entre los que se cuenta Falú y Castillo.También solía ser de las partidas el siempre recordado Payo Sola autor con Castilla de "La Marrupeña”, compuesta precisamente en honor a los Marrupe
El patriarca de “La Candelaria”, don Gustavo Marrupe, abuelo de Juan Carlos, teñia a su cargo la ofrenda tradicional de la novena y la fiesta de la Virgen de la Candelaria, de la que habia una réplica en el Oratorio familiar de la casa. Esta soleada y espaciosa como todas las residencias solariegas de provincia, rodeada de acequias cantarinas y de árboles añosos, se comunicaba con el oratorio por una galería techada de prietos parrales de moscatel que los changos entre novena y novena pellizcaban asiduamente
Las voces de las campanas daban la bienvenida a la interminable caravana de fieles que, a caballo, en jardineras, en sulkis, a pie o en lujosos automóviles llegaban desde varias leguas a la redonda para cumplir cor el ritual
Después de la procesión se corrían cuadreras y se jugaba al fútbol mientras se saboreaban riquísimas empanadas, tamales asado con cuero todo salpjcado con abundantes tomaciones de chicha.
La familia Moreno se mudó más tarde a la ciudad, donde el niño comenzó a concurrir a la escuela de San Francisco; pero al poco tiempo regresaron al campo a un lugar amado “El Alamo’, donde los camaradas de los chicos eran una yegua y un caballo llamado “Rupachico” y los perros “Jefe” y "Morgan”
Los más pintorescos recuerdos de Juan Carlos Moreno son los relacionados con los carnavales. Las carpas del “Turco Nato” vibraban a los sones del bandoneon y las guitarras que desde las tres de la tarde acompañaban a los incansables bailarines. Cuando ya el pueblo dormía, volvían a sus hogares los “fiesteros” rezagados, cantando bagualas. Una vez, el pequeño Juan Carlos quiso saber qué decían los versos de las bagualas. “No preguntís eso, changuito -le dijeron-, eso se canta pa' dentro"
Qué alegría para los “Morenitos” cuando el padre mandó desde Tucumán tres bicicletas! Se olvidaron de los caballos.
La familia vivió después tiempo en San Pedro de Colalao (Tucumán) y también en Perico (Jujuy), hasta regresar a Salta. A lo largo de su vida, Moreno fue “boy scout” de Don Bosco y socio e Integrante del Conjunto 20 guitarras de Salta que dirigía Payo Sola
Asistió hasta 6 grado a la escuela Martíhn Güemes de cuyo personal distingue con especial afecto a la señora Quintana.
Su inclinación por la música la demostró precozmente: tenía sólo dos años, cuando una tarde desapareció del hogar. Cuando ya desesperaban, lo encontraron en la plaza escuchando la retreta que ofrecía la banda de musica. Sin embargo su natural negligencia no le permitió dedicarse a estudiar música con la seriedad que hubiese sido necesario. En reuniones familiares cantaba con un grupo de amigos, apodado como el “Chango Moreno"
Pertenecer al conjunto Los Fronterizos significó el logro de sus más caras ambiciones.

GERARDO RAMON LOPEZ
El changuito caminaba despreocupadamente por la calle dando puntapies a los guijarros que encontraba en el camino. El sol salteño le acariciaba obviamente invitandolo a una correría por el campo. Si no tuviera que hacer ese mandado...
De pronto, como si le hubiese estado esperando a la vuelta de la esquina, surgió la amenazadora silueta del cochero italiano. Pálido de terror ya se sentia amarrado y asfixiado por esa enorme capa negra que flevaba el auriga sobre los hombros. Pero sus pies reaccionaron antes que su cerebro y echó a correr desesperadamente mientras sobre su cabeza resonaba la voz de su madre anunciandole que el cochero se lo llevaría por portarse mal. Los oidos le zumbaban de cansancio pero no podía parar porque el resonar de los cascos parecia estar cada vez mas cerca.
Cuando ya creía que no podría dar un paso más, llegó a la iglesia del convento de SanAlfonso y con sus ultimas fuerzas echó a repicar el carillón de la torre.
El argentino campanilleo le devolvió la paz y la sonrisa. Era su orgullo sentirse un poco dueño del lenguaje de las campanas, que al conjuro de sus manos reían y cantaban alegremente.
Gerardo Ramón tenía solo seis años cuando se inició de monaguillo y durante los cuatro subsiguientes fue el mas perfecto asistente de los sacerdotes que no por eso dejarían de penitenciario severamente cuando sus fechorias infantiles lo hacían acreedor a una reprimenda.
Había nacido el 1º de Mayo de 1934 y ya a los cuatro años había hecho la primera comunión, en cuya oportunidad se vio dueño del mas hermoso triciclo que hubiese podido soñar.
Desde la cuna le unio una entrañnable amistad con Luis Miranda y Carlos y Gonzalo Barbaran con quienes constituían un grupo inseparable. Todos los sábados se reunían en interminables partidas guerreras, cuyos soldaditos eran botellas de los más variados tamaños. Y los sábados si se habían portado bien durante la semana podían ir al biógrafo a divertirse con una cinta de Carlitos Chaplin. Pero la pasión más fuerte fue la del fútbol. El ídolo de Gerardo fue Loustau; y en el afán de seguir las huellas de su favorito, improvisaron una cancha en el corredor de una casa de departamentos en la calle 20 de Febrero 49 y es de suponer que los focos del corredor nunca duraban mucho tiempo. Durante tres años concurrió al colegio Angel Zerda. Al cabo de ellos, gracias al apoyo económico y espiritual de doña María Angélica Córdoba de Díaz. cursó estudios secundarios, recibiéndose de perito mercantil. Fue recién entonces que nació su inclinación por la musica y circunstancialmente se la debe a Carlitos Barbaran. A éste le habían regalado una guitarra y ante la sorpresa de Gerardo aprendió a tocarla rapidamente. Sentir tocado su amor propio y ponerse de inmediato a estudiar él también, fue sólo una. Eduardo Ledesma, un maestro no vidente, fue quien encaminó a López por los secretos del canto y las cuerdas

YAYO QUESADA
Eduardo Quesada, tal su verdadero nombre, el más joven y el único soltero del grupo. Como tal, es el romántico, alegre y optimista. Tiene toda una vida y una carrera por delante. Y lo mejor: tal como se lo pronosticó una astróloga alemana para su primer decanato de Sagitario, este año debe ser uno de los mejores de su vida. Además salará la lotería con el número tres.
Hijo de una virtuosa de la guitarra como lo es Estela Alchurrón, que desde pequeños inculcó a sus siete hijos el amor al canto. En rueda familiar se hacían espontáneos coros donde todos y cada uno pulsaba la guitarra o hacían sonar el bombo a la usanza de unos veinte años atrás, cuando el folklore, vergonzosamente, no salía de la rueda familiar de los amantes de las tradiciones nacionales, ya que no era digno aún de pisar los mejores escenarios. Como era costumbre en las familia provincianas, también en la de los Quesada Alchurrón se hacía un culto de Segovia, Williams, Ginastera, Guastavino, Atahúalpa, Chazarreta y otros. De esa manera Yayito, a los ocho años, debutó en la escuela Nº 9 de Martínez, interpretando “Zamba de Vargas”. Se había preparado afanosamente frente al espejo para aquel momento y memorizado las tres posiciones con que debía acompañar su canto. Pero como les sucede a los grandes artistas, la emoción y los nervios del momento le hicieron olvidar los acordes de dominante y así fue que toda la zamba salió con el fondo de un solo acorde ya que los dedos se le habían agarrotado y no se movían del mástil. Aquel inconveniente sin embargo, no empañó la presentación del pequeño cantor que fue ovacionado por sus compañeritos; orgullosos de ser los primeros jueces de aquel que debía años más tarde, ser el integrante de uno de los conjuntos argentinos de más fama.
Y ya qué la canción es el medio más directo para matizar la rueda amistosa y sazonar los encuentros afectivos, formó un grupo musical para cultivar la música tradicional que tanto sentía. Por ese grupo pasaron muchos nombres como Melchor Arana. Sergio Mihanovich, Eduardo Piñeiro, José María Quesada, etc.
Justamente con estos dos últimos cantaron en el A.C.A. en un acto a beneficio del cuerpo de Girls Scouts Argentinas. Y su presentación en traje oscuro y cantando zambas, causó estupor, ya que entonces el folklore era un “quemo”.
Más tarde fue Luis Mancini otro de ellos: entonces se llamaron los Tahua Zupay, con los que son finalistas en el conçurso “Nace una estrella’ y los contratan para hacer unas audiciones en Radio del Estado. Luego fue Alejandro Diehl, y más tarde Fernando Ollosa, con el que alternaban el canto con los encuentros de rugby con “Los Matreros".
Las inquietudes de Yayo Quesada no mueren en el canto. Las prolongadas giras le invitan a la lectura y no hay un best seller que no haya pasado por sus manos. Alterna títulos y gustos dispares porque sus avidez es grande: la Biblia alterna con El mundo es ancho y pleno de Ciro Alegria o con los poemas de García Lorca. Otras veces, ya en algún período de descanso, busca -refugio en la pintura, porque -dice- el cromatismo de los colores induce, lo mismo que la música, al reencuentro de uno mismo con su ámbito

Los Fronterizos
LOS 20 AÑOS DE LOS FRONTERIZOS
Microfon SE-521
1975

01. Zamba de Orán-zamba-José J. Botelli, J. Dávalos
02. Fiesta en Atamisqui-chacarera-B. Peralta Luna
03. Chañarcito, Chañarcito-canción-C. Guastavino, León Benarós
04. Soñadora del carnaval-zamba-Horacio Aguirre, Alberto Aguesta
05. Capricho Guarany-canción-Cholo Aguirre
06. Santa Cruz-carnaval cruceño-Calvimonte, Luna
07. La enamorada-zamba-Betty Merello Quintana
08. Traidora-cueca boliviana-D.R.
09. Como se dice adiós-canción-David Bustamante
10. La polca del rosedal-polca-Marcelo Berbel
11. Nostalgias riojanas-zamba-Juan Fruttero
12. El avenido-carnavalito-G. Leguizamón, Manuel J. Castilla

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